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23 de marzo de 2019, 9:14:00
NOTICIA

Opinión - América en foco...


Frente de tormenta

Por Juan Varde (Buenos Aires-Argentina)

Este año se vislumbra un periodo en que muy alejado de celebrar grandes marcas, las incertidumbres económicas mundiales serán mayores y se abrirán más frentes de batalla.


Guiándonos por las perspectivas de la economía mundial que, sin miramientos pasaron de una situación de crecimiento positivo, soportados por el preconcepto de augurios de libre albedrío, a una visión más conservadora de las expectativas, en donde el horizonte se tornaba más cíclico y neblinoso. Vale considerar que el crecimiento de América Latina y el Caribe, es reflejado por los avatares que sufre el globo, no sólo por los factores internos sino por la interrelación entre ambos.



Este año se vislumbra un periodo en que muy alejado de celebrar grandes marcas, las incertidumbres económicas mundiales serán mayores y se abrirán más frentes de batalla. Es así que la región deberá enfrentar un escenario global complicado, pues hay condimentos que dan por hecho una reducción en el crecimiento de los países desarrollados, ranking liderado por EEUU y China, gracias a las tensiones comerciales que han generado en los últimos tiempos.



La economía de América Latina y El Caribe crecería un 1,7 por ciento este año, impulsado por un repunte de Brasil. quien se estima una subida aproximada del 2 por ciento de su PBI, alcanzándola a pesar de un ritmo lento de expansión, y sin haber superado de manera plena la recesión soportada entre 2015 y 2016. Sin embargo, algunos de los referentes financieros como Alfredo Setubal, presidente del Grupo Itau, estima que al comenzar "un nuevo ciclo de políticas económicas, con privatizaciones y concesiones", si se alimenta este proceso con reformas clave como la previsional "Brasil puede crecer a tasas de 3 a 4% anual". El banquero afirmó que el obstáculo más serio es que el futuro gabinete "no está preparado para la función pública. Y eso le traerá problemas en los primeros tiempos". Pero fue más incisivo en la cuestión fiscal, a la que hay que atacar fuertemente. Pronosticó que en caso de no ser aprobadas las reformas "el gobierno de Bolsonaro va a sufrir mucho". Si realmente el pronóstico de Setubal coincidiera con la realidad las perspectivas de la región tornarían a presentar un escenario por demás positivo, por ahora solo conjeturas.



Tanto México como Argentina, otros de los referentes regionales transitarán caminos diferentes, mientras el PIB mexicano aumentaría un 2,1%, la economía de Argentina se contraería un 1,8%, una cifra menor a la caída del 2,6% prevista para 2018. Venezuela, en tanto, anotaría una contracción del 10% en 2019, la hiperinflación seguirá siendo el principal tema a resolver. El Fondo Monetario Internacional (FMI) en su nuevo informe de perspectivas económicas globales indica que Venezuela tendrá en 2019 una inflación de 10.000.000% con una reducción del producto interno bruto de un 5 %.



Del otro lado del mostrador, las economías que anotarían la mayor expansión económica serían República Dominicana, la Fortaleza Caribeña vuelve por sus fueros, y Panamá, con alzas del 5,7% y 5,6%, respectivamente, le seguirían Honduras con un 3,6, Guatemala con un 3,1, Costa Rica 2,9, y El Salvador 2,4 por ciento, solamente Nicaragua está previsto que su economía se contraiga en un 2 por ciento.



No cabe ninguna duda  que el mayor riesgo para el desempeño económico de la región en 2019 será un deterioro abrupto de las condiciones financieras para las economías emergentes, las que ya lo sufrieron el pasado año, evidenciando una importante reducción en los flujos de financiamiento externo, a la vez que aumentaron los niveles de riesgo soberano y se depreciaron sus monedas frente al dólar, por lo que, es menester no descartar nuevas situaciones de deterioro en las condiciones financieras futuras, y que las consecuencias sobre los países dependerán de cuán expuestos se encuentren en términos de sus necesidades y perfiles de financiamiento externo.



Lamentablemente, este año el crecimiento será el más comprometido en comparación con las demás regiones, pues el pronóstico, nada benévolo, por cierto, aprecian que apenas alcanzará un 1,2%, cifra inferior al 1,6% previsto en julio 2018. Entre las causas de esta baja, notamos el debilitamiento del crecimiento en Argentina, que experimentará una recesión considerable y Brasil, con un crecimiento positivo más lento, citamos a Venezuela, como principal actor del debilitamiento regional, ya que sigue sufriendo una grave crisis económica. Se espera que el crecimiento aumente en la región como conjunto, pero solo del 2,4% en 2019.



Hacemos notar amplías diferencias entre países. De hecho, la dispersión de niveles de ingreso ha aumentado. reflejan el PIB per cápita en dólares, al precio actual, de una selección de países, segmentados en un grupo de alto desempeño (Chile, Panamá y Uruguay) excede el PIB per cápita a precios actuales de US$16.000 en 2018, y se prevé que su PIB per cápita ascienda a cerca de US$20.000 para 2023. Un segundo grupo ha progresado en este indicador, Paraguay, Perú y República Dominicana). Resaltamos el caso de Perú, se espera que su PIB per cápita sea de alrededor de US$9.000 en 2023, cuando en 2015 apenas superó los US$6.000, y en 2002 reflejó escasamente US$2.000. 



Los países con tasas de cambio elásticas, como Colombia y México, vieron disminuir esta medida del ingreso con la depreciación de sus monedas en 2014-15 para proteger sus economías de la caída de los precios de los productos básicos. El PIB per cápita en México disminuyó de US$11.000 en 2014 a US$8.800 en 2015, pero se espera que se recupere hasta exceder los US$11.100 para 2023.  Este indicador presenta más flexibilidad en Argentina y Brasil.  El ingreso per cápita argentino de US$10.700 en 2018 se ha reducido, acercándose al nivel de Brasil, de unos US$9.200 en 2018. Se prevé que para 2023 dicho ingreso exceda los US$10.800 en ambos países.



El impacto de las crisis juega un rol, por demás determinante. La crisis venezolana se hace notar con fuerza cuando se considera esta medida. A finales de 2018, el PIB per cápita de Venezuela habrá disminuido más de 70%, cayendo desde su punto máximo de US$11.500 en 2011 hasta apenas US$3.300. Vale la pena observar el caso de Jamaica.  En 2010, el PIB per cápita de este país era de US$4.800, pero sufrió una grave crisis fiscal que reestructuró su deuda interna. Su PIB per cápita en 2018 se sitúa en torno a los US$5.400, lo cual deja entrever un progreso estable. Lo que es digno de mención es que esto se logró durante la ejecución de un superávit fiscal primario cercano al 7% del PIB cada año, con una deuda que pasó del 140% a cerca del 100% del PIB. Este debe ser uno de los programas de reestructuración y consolidación fiscal más exitosos hasta la fecha.



Otro punto a tener en cuenta es la menor participación en la producción mundial, que involucra a los países de la región, hagamos memoria, la crisis que se desencadenó a principios de la década de los 80 dio comienzo a un complejo período de desequilibrios y ajustes que, en la mayoría de los casos, llevó a los países a emprender reformas estructurales encaminadas a configurar economías más estables y más integradas al entorno internacional, capaces de crecer de modo significativo y sostenido. Los cambios de orientación de la política económica, el compromiso de los gobiernos con los objetivos de las reformas y la estabilización progresiva de las economías coincidieron con modificaciones favorables del contexto internacional, lo que dio lugar a la reanudación de las corrientes de financiamiento externo hacia los países de la región. En este nuevo orden económico se plasmaron las tendencias transformadoras de los sistemas productivos que se insinuaban con anterioridad y se originaron nuevos movimientos de cambio.



Como resultado, la región está pasando por un proceso de mutación estructural de gran profundidad y trascendencia aún en marcha, cuyo desenlace no está predeterminado, sino que depende de las oportunidades y peligro que genera el propio devenir de la transformación. En esta etapa del camino parece oportuno tratar de hacer un balance de las realizaciones y las insuficiencias de un proceso de cambio tan complejo y trascendente. Al momento, Panamá, República Dominicana y Chile se destacan como naciones que han logrado aumentar su participación general desde 1980. Por su parte, Colombia, Paraguay y Perú están cerca de recuperar sus participaciones de 1980. Sin embargo, es factible que la participación de algunos países siga disminuyendo. Venezuela perdió cerca del 40% de su participación en la producción mundial entre 1980 y 2012, y para 2023 se espera que la misma apenas alcance el 20% de su cifra de 1980.



Todos los caminos conducen que la región en su conjunto seguirá perdiendo su participación en la producción mundial hasta 2019, ya que el crecimiento mundial previsto supera al regional. Como si faltase poco, hay más condimentos para sazonar la ensalada,  comenzar por el mercado bursátil de Estados Unidos ha caído significativamente desde su punto más alto en septiembre de 2018, reflejando tal vez la disminución prevista del crecimiento, pero también el entorno de incertidumbre con respecto al sistema de comercio global relativamente abierto y al proceso continuo de desequilibrio monetario En Europa, las preocupaciones sobre la situación fiscal de Italia repercuten sobre los mercados al igual que el Brexit, donde May navega en un mar de incertidumbre. En China, existen riesgos para la transformación gradual de la economía, derivados particularmente del endeudamiento de algunas instituciones del Estado y del posible cambio de las reglas del comercio internacional, sin olvidar sus dimes y diretes con EEUU.



Los países que han tenido más éxito en gestionar las crisis globales han sido aquellos que han mantenido la estabilidad económica, poniendo en jaque los déficit fiscales, los niveles de deuda y la inflación. Naciones de América Latina y el Caribe han sufrido debido a la interacción de las crisis internacionales y las vulnerabilidades internas, sin embargo, Panamá, oasis en el desierto, es un caso excepcional, donde el crecimiento se ha visto impulsado gracias a niveles manifiestamente más altos de inversión, incluida la infraestructura. Como aseguran los que conocen el hilo fino-- para incentivar el crecimiento de la región, se requiere que la inversión sea mayor y más productiva., se pondrá la lupa en cómo los países pueden mantener la estabilidad económica mientras hacen frente a mayores tasas de interés a nivel mundial y a una posible caída de los flujos de capital, y también se centrará en cómo se puede aumentar la inversión en infraestructura y cómo seleccionar dichas inversiones para que tengan el máximo impacto en la producción.



Pues bien, menuda tarea asumirá el piloto de tormentas, tomará el timón y zarpará, con rumbo, esperemos que no sea desconocido.

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