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22 de octubre de 2019, 9:11:21
OPINIÓN


Réquiem por la bombilla

Por Alberto Miguel Arruti

Recientemente, ha entrado en vigor una nueva normativa, que fue aprobada por la Unión Europea en 2008, que suprime de forma paulatina las clásicas bombillas de 100 vatios, así como todos los modelos de vidrio opaco. Las razones: que estos productos transforman en luz el 5% de la energía que consumen. Las bombillas tradicionales o incandescentes aparecieron en el mercado, por primera vez, a finales del siglo XIX. Fueron creadas por el norteamericano Thomas Edison. Con esta disposición se prevé un ahorro energético anual del orden de 11.000 millones de euros, lo que representa entre 50 y 160 euros por hogar.


Recientemente, ha entrado en vigor una nueva normativa, que fue aprobada por la Unión Europea en 2008, que suprime de forma paulatina las clásicas bombillas de 100 vatios, así como todos los modelos de vidrio opaco. Las razones: que estos productos transforman en luz el 5% de la energía que consumen. Las bombillas tradicionales o incandescentes aparecieron en el mercado, por primera vez, a finales del siglo XIX. Fueron creadas por el norteamericano Thomas Edison. Con esta disposición se prevé un ahorro energético anual del orden de 11.000 millones de euros, lo que representa entre 50 y 160 euros por hogar.



A partir de ahora, los productores dejaran de distribuir las de 100 vatios y más, así como está previsto en la disposición de la Unión Europea. Este tipo de bombilla durará el tiempo, que duren los stocks existentes. Los principales fabricantes son la holandesa Phillips, la alemana Osram perteneciente a Siemens, la también alemana Sylvania, adquirida en el año 2007 por la india Havells y en Estados Unidos General Electric. Entre todas se reparten los más de 1.000 millones de bombillas incandescentes que se consumen anualmente en Europa. Esta disposición fue acordada en el pasado diciembre y fue ratificada en marzo, dentro del conjunto de medidas para conseguir un desarrollo sostenible, que culminará en septiembre del año 2012.



La Unión Europea admite que 3.000 de los 50.000 empleos que hay en Europa en este campo pueden estar en peligro, mientras que las bombillas que sustituyan a estas, que son las fluorescentes compactas, suelen ser importadas de países asiáticos como China. Se puede afirmar que los riegos en términos laborales se compensan con los beneficios de una reducción importante de la factura eléctrica.



Se está formando una industria capaz de promover y desarrollar una fabricación de productos para la iluminación. A base de la combinación de los LEDs (Light Emitting Diodes) con computadoras, se pueden crear unos sistemas, que pueden utilizar la iluminación de formas jamás pensadas. A parte de otras aplicaciones, se pueden simular en lugares cerrados, tales como oficinas, los cambios de iluminación, que ocurren con naturalidad en el exterior.



Todo el mundo, acepta sin mayor discusión, que el inventor de la bombilla tradicional fue el estadounidense Thomas Alva Edison, quien consiguió este tipo de bombilla en 1879, pero, según parece fue el químico ingles Sir Joseph Wilson Swan, que un año antes, inventó esta bombilla tradicional, pero no consiguió patentarla. Y, en este momento, las bombillas tradicionales se venden con mayor intensidad, como objetos de museo, pues se teme que en breve, hayan desaparecido totalmente del mercado.



Desde hace mucho tiempo los tubos largos fluorescentes se utilizan en los hogares y en diversos lugares públicos, pero tienen la propiedad de que sólo son rentables en los lugares en los que van a permanecer muchas horas encendidos. Otro de los fines que se busca es la reducción de gases de efecto invernadero. Se puede citar un ejemplo. Si se cambian cinco bombillas incandescentes por cinco bombillas de bajo consumo equivalente se puede ahorrar unos 60 euros al año y reducir la emisión de gases de efecto invernadero en 340 kilos.



Pero conviene recordar que ahorrar no consiste sólo en colocar bombillas que consumen menos sino que consiste en ajustar la cantidad de luz a nuestras necesidades. Por ejemplo, si hay que iluminar una habitación no conviene hacerlo con sólo un único punto de luz.

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