Viernes, 22 de diciembre de 2000
Los cultivadores de coca del
Perú firman un acuerdo para erradicar coca
El Gobierno interino de Perú
y los cultivadores de coca han acordado un diálogo para erradicar
la planta, de cuyas hojas sale la cocaína, pero sin perjudicar
las tierras de cultivo.
La reunión en la que se llegó
al acuerdo ha tenido lugar en Tingo María, una remota localidad
del centro del país a orillas de la selva amazónica.
Tras la decisión de miles
de campesinos de poner fin a la protesta que los enfrentó
a la policia y que provocó ocho heridos y 20 detenidos, el
diálogo fue resuelto. Los campesinos están en contra
de la erradicación forzosa mediante hongos y productos químicos
que ha destrozado ya 23.000 hectáreas de tierra en la selva
central del país en los últimos tres años.
" "Una erradicación compulsiva agrede la integridad física
de los campesinos y mata la tierra de cultivo", ha asegurado Rosalía
Hector, representante de los cultivadores de la zona del Alto Huallaga.
Los campesinos también han
decidido en el acuerdo de Tingo María, reclamar tener una
mayor parte en la realización de los programas de cultivos
alternativos con productos más eficaces.
Las últimas protestas tuvieron
lugar entre el 16 y 17 de dicembre, cuando los campesinos rodearon
las instalaciones del programa de reducción de tierras de
cultivo de coca del Alto Huallaga, con la intención de impedir
la salida del personal encargado de la erradicación.
Perú, que es el segundo productor
mundial de hojas de coca tras Colombia, ha reducido sus cultivos
de la planta un 66% entre 1995 y 1999. Se espera acabar este año
con unas 9.000 hectáreas de coca, frente a 12.300 hectáreas
reducidas en 1999 y las 17.000 en 1998.
Sin embargo Washington está
preocupado por la evidencia de un aumento de las plantaciones de
coca en 2000, provocando por el auge en el precio de la hoja, que
se duplicó en el último año.
EEUU veía a Fujimori como
aliado en la guerra contra las drogas en América Latina,
hasta el punto que hay analistas políticos que aseguran que
Washington hizo la vista gorda ante el creciente autoritarismo del
ya depuesto jefe de gobierno.
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